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Levado ancla y rumbo tomado, el alba sólo un recuerdo aunque sin demoras ni perezas, el compresor truena y nos provee de lo necesario para respirar donde la naturaleza no nos lo permitió.

Dejamos atrás la cala de S’Oli, a estribor Punta Sabina y las pequeñas islas que acompañan la punta de Formentera. Disfrutamos del desayuno con las espléndidas vistas de Formentera, su mar y la ilusión de las inmersiones que nos esperan.

La primera planificada, La Plataforma: Antigua piscifactoría dejada a su suerte en un mar que no concede favores, desplomada, sumergida, derrelicto extraño.

Cazada a coordenada, Cristina fija el cabo a la estructura mastodóntica a 11 metros de profundidad, mientras el resto del grupo última preparativos para disfrutar de La Mariana.

La inmersión transcurre con la normalidad y relajación que aporta la planificación adecuada, el material necesario y la preparación, práctica y formación imprescindibles. -30m de máxima cota y a descompresión mínima, el buceo en La Plataforma es un paseo por un entorno alienígena, sacado de las profundidades por Giger o Lovecraft, en sus hexágonos crecían doradas porque así lo hemos leído, aunque allá abajo nos pueda ser factible que sean los restos de mampostería de una ciudad más antigua que el tiempo.

Con el espíritu del que quiere ver más, por un momento me introduzco en una sección cilíndrica en la que una escalera asegura que antaño fue vertical y de paso humano. Un congrio ha hecho su hogar entre esas paredes metálicas, pero el tiempo de encender la cámara, foco de vídeo e iniciar la grabación hace que le de tiempo de arrepentirse y no querer posar. En ese intervalo, las burbujas de mi exhalación han golpeado el techo y circulan libremente por él, desincrustando el sedimento pesado que permanecía fijado. Una visibilidad espectacular en el interior del cilindro se va tornando rápidamente en la trampa mortal que parecía desde el exterior, cables sueltos y salientes metálicos son los dientes que se cerrarían sobre el buzo descuidado. La previsión de esa situación fue acertada, por lo que un par de cuidadosos aleteos me sacan marcha atrás de ese entorno y vuelvo a estar en aguas abiertas, con mucha mejor visibilidad que la que queda en el agujero.

Distrayendo la vista más allá del hormigón y hierro tapizado de vida, grandes bancos de serviolas nos rodean, acompañan e investigan. En la estructura, se esconden escórporas, morenas y alguna cigarra de mar.

En las paradas antes de emerger, un lejano banco de barracudas se deja entrever, y subimos al barco con la ya acostumbrada ayuda.

Soltamos cabo, aproamos Punta Prima y dejando Formentera a estribor picamos y bebemos mientras los equipos quedan desplegados y las botellas cargando para el siguiente trabajo.

Arribamos a Punta Prima, comida y siesta para los que así lo quisieron y el resto charla amena y descanso en cubierta.

La inmersión de la tarde se desarrolla en la misma Punta Prima, poca profundidad, sin corriente, visibilidad adecuada. Una inmersión perfecta para jugar y relajarse, paisajes preciosos, flora y fauna para disfrutar. Un arco marca el punto intermedio de la inmersión y al volver, nos esperan un par de pulpos como asomados al balcón, vecinos hablando de los foráneos que pasan por su calle. Nos miran recelosos, quizá padeciendo por su jardín, pero aquí nadie toca ni mueve, y allí los dejamos mientras volvemos al mundo de la superficie.

Después de recoger el equipo, cambiarnos, descansar y tomar algo más (es imposible no estar moviendo el bigote continuamente en éste barco), bajamos a tierra. Paseo por esas magníficas playas al atardecer, mientras sale una luna llena que impregna todo de un tono azulado, contrastado con el rojo que dejó el sol al irse.

La idea era pasar noche en las cercanías, pero el movimiento acompasado de un mar de fondo de NO hace que Jesús prefiera avanzar camino para mañana, acercándonos a Ibiza para recalar en Espalmador. Y así lo hacemos, la isla nos protege del mar de fondo y podemos descansar con una mar calma y casi silenciosa.

Mañana partiremos a Ibiza.

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